Al entrar a mi cuarto se siente un clima como el mismo Hawái , como si la brisa del mar soplara hacia uno, la luz que entra por la ventana resplandece de manera suave y armoniosa; La puerta que encierra mi habitación, echa de al madera finamente cortada por un leñador, lijada con la suavidad con la que una madre acaricia su hijo; mi cama suave y acogedora como un abrazo de una madre en una tarde fría de agosto, su color crema la hace ver como un gran pastel de vainilla cuadrado y esponjoso; sus almohadas blandas y confortables como la lana mas finamente echa ; mi sabana tan suave como la piel de un oso y su color tan verde como el bosque mas vivo de nueva Zelanda; La estantería es de color café oscuro y parece de roble; encima de ella están ubicados los libros llenos de conocimiento y sabiduría como un viejo anciano; El color azul de las paredes me acogen para sentirme seguro y salvo, en mi cuarto me siento como en el espacio donde puedo ser yo sin que nadie me juzgue, donde me puedo expresar y ser feliz, donde tengo libertad de vivir mi mundo.
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