Me dirigía a el periódico “La Tarde” para tener una explicación de cómo funciona un periódico, al llegar me di cuenta que había llegado muy temprano, ya que le había dicho a mi papá que me llevara en el carro mientras el resto del grupo llegaba en bus. Hacía mucho frío y el cielo estaba totalmente nublado, así que decidí irme una cafetería, la más cercana y me senté. Los perros iban de un lado para el otro de la carretera, mientras una señora de unos 60 años de edad me pregunta: ¿Qué se le ofrece? Pedí un café mientras llegaban el resto de mis compañeros para entrar a las instalaciones del periódico. Desde ese punto se veía claramente ese gran letrero “LA TARDE”, lo leí una y otra vez. A esa hora de la mañana solo se veían bajar y subir taxis, todos paraban a tomar un café y comer algo para recargar energías. La gente comienza a llegar a la panadería en busca de su desayuno: ancianos, jóvenes, obreros, personas que trabajan en el periódico e incluso travestis.
Cuando llegan mis compañeros, se puede notar la recocha con la que iban en ese bus. La profesora dice no podemos entrar hasta dentro de media hora, así que decidimos quedarnos ahí y comer algo. Los perros salen a mendigar en las panaderías, buscando que alguna persona les dé alimento, estos vienen y van tratando de llamar la atención de la gente.
En la entrada nos recibe con una cálida sonrisa el portero, pidiéndonos la certificación para entrar. Al entrar se aprecia lo grande que son las instalaciones y la vista que desde allí se puede observar, se puede ver toda la vía de armenia y algunos moteles, pero lo que más se podía apreciar era la vista hacia Pereira. Todas las personas que trabajan en el periódico saludan muy amablemente, preguntándose “¿Qué hacen ellos acá?” después de la presentación en toda la instalación nos llevan a una gran mesa donde se reúnen todos los periodistas a hablar sobre que noticias publicaran. En una de las paredes se puede ver un gran cuadro que muestra el periódico La Tarde en la primera edición y la última edición. Llegan los dos encargados de explicarnos acerca de como se estructura el periódico, como lo reparten, cual es el horario de ellos, cuanto llevan trabajando en el periódico, el proceso de producción y que es lo que hacen en casos de emergencia. Entre tanta charla escucho una frase que hasta ahora me resuena en la cabeza “De todo se puede sacar noticia”.
En los computadores trabajan todas las personas de la instalación, desde los diseñadores web que acomodan las plantillas y las imágenes, hasta los reporteros pasando información. Siempre ocupados actualizando todo para que no pase ningún error, sus ojos siempre pegados a la pantalla como si estuviesen conectados a ellos.
Llegando al grupo de personas que manejan lo que es la parte de publicidad, lo que se detallaba era que nunca, pero nunca se despegaban de sus dispositivos, sino estaban en un teléfono, estaban en un computador, siempre en movimiento, atentos ante toda solicitud que se les hacía.
Bajamos para ver cómo se hacia el periódico, al llegar es un lugar oscuro y una pequeña puerta de vidrio, al pasar por ella entramos a una clase de cuarto amarillo donde se ven todas las plantillas de impresión y sus tintas, los colores bajo esa luz se alteran, así que cuando uno miraba algo azul este salía verde. Pasamos a la maquinaria y al llegar lo primero que se siente es ese olor como a químicos y el papel. Los grandes botones de colores, las palancas y las válvulas hacían parecer el lugar una clase de laboratorio como los que ves en televisión, las plataformas de 4 metros parecían juegos para uno subirse y buscar el tobogán al otro lado.
Un pequeño cuarto, no muy escondido en el cual trabaja una persona que maneja todo el historial de los periódicos, nos muestran el primer periódico en el que se pueden leer noticias como: “Reina de belleza mata a su esposo” o “Lo encontraron en el río”. El periódico viejo, su olor a polvo y sus páginas secas y tiesas muestran la antigüedad del documento, una valiosa reliquia.
A la salida nos ubicamos al frente de un gran letrero que queda en la parte de atrás de la instalación, nos quedamos ahí para unas cuantas fotos, cuando íbamos saliendo al mirarnos todos la ropa y los zapatos notamos que estábamos llenos de cadillos, esa pequeña mata fastidiosa que se aferra a la ropa de uno. Nos quedamos jugando un rato todos, quitándonos los cadillos, contándonos bobadas y haciendo monerías, y cuando menos pensamos paso el bus. Gracias a Dios la profesora lo alcanzó a coger o de lo contrario nos hubiese cogido La Tarde.
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